Cuerdas que Atan o Liberan: El Juego del Locus de Control

Probablemente hayas conocido a alguien que trata de controlar todos los factores de su vida y, en contraposición, alguien que cree no tener ningún control sobre lo que le sucede. Una de las grandes cuestiones que se tratan en consulta es el tema de la “necesidad de control”, especialmente cuando se dan posturas extremas. ¿Tenemos el control de todo lo que nos sucede? ¿Es mejor tener un locus de control interno o, por el contrario, un locus de control externo? ¿Cómo debo jugar con mis expectativas de locus de control para estar en armonía? En este artículo del Blog te contamos un poco al respecto…

En el ámbito de la Psicología, uno de los principales factores que se tienen en cuenta para comprender la Personalidad, son las expectativas de locus de control, que hacen referencia a la percepción que tiene una persona sobre si un acontecimiento o resultado es contingente con su conducta, es decir, la creencia que tiene una persona sobre las causas de los acontecimientos que tienen lugar en su vida. Las expectativas de locus de control son un continuo entre dos extremos, que detallamos a continuación:

  • Locus de control interno (LCI). Se refiere a la expectativa generalizada de que las consecuencias dependen exclusivamente de los propios esfuerzos y recursos personales. Por ejemplo, un estudiante que ante un examen considera que el único factor determinante del resultado es el tiempo que ha empleado estudiando. O, por ejemplo, una persona que considera que su estado de salud depende exclusivamente de sus hábitos.
  • Locus de control externo (LCE). Se refiere a la expectativa generalizada de que las consecuencias dependen de elementos externos a la persona. Por ejemplo, un estudiante que ante un examen considera que da igual el tiempo que emplee estudiando, el resultado dependerá de lo fácil o lo difícil que sea el examen, o de la actitud del profesor a la hora de corregir. O, por ejemplo, una persona que considera que su estado de salud depende exclusivamente de su genética y que sus hábitos no influyen de ninguna manera en su estado de salud.

La mayoría de las personas se mueven en un continuo entre LCI y LCE; con una cierta tendencia a irse más hacia un lado que hacia el otro. Presentar una tendencia u otra depende de las experiencias personales: una persona que ha tenido varios éxitos personales a lo largo de su vida, con un fuerte sentimiento de autoeficacia, y que se haya criado en un entorno donde se fomenta la autonomía, probablemente presente una mayor tendencia al LCI. Por el contrario, una persona con más experiencias de fracaso, criada en un entorno en el que tuvo poca capacidad de decisión o que haya sufrido varios eventos traumáticos, probablemente presente una mayor tendencia al LCE.

Un locus de control interno se relaciona con un mejor ajuste y afrontamiento del estrés, autoestima y autoeficacia. Estas personas tienden a afrontar de forma activa la realidad, asumiendo la responsabilidad de sus decisiones y afrontando mejor las situaciones de estrés y, además, suelen ser más optimistas. Por el contrario, las personas con locus de control externo, tienden a atribuir el fracaso a la dificultad de tareas o a la mala suerte, son más vulnerables ante situaciones de estrés y, además, suelen ser más pesimistas.

Entonces… ¿qué es mejor? En base a lo que hemos explicado sobre las experiencias personales, y las características de cada uno, probablemente pensemos que es mejor un LCI. Sin embargo, no hemos de olvidar que estas personas también tienden a atribuir el fracaso a la falta de capacidad, lo cual, llevado al extremo, puede conllevar que su voz interior les esté machacando (“tendrías que haber estudiado más”, “todo es culpa tuya”). Además, dado que consideran que todo lo que sucede depende de uno mismo, tienden a juzgar a los demás con más dureza, porque consideran que también son responsables de todo lo que les sucede.

Desde nuestro punto de vista, lo más adaptativo es tener un equilibrio entre locus de control interno y externo, y sobre todo saber elegir en qué situación es más favorable decantarse por uno o por otro, tratando de jugar con ese locus de control a nuestro favor. Como decía Aristóteles, “la virtud está en el término medio”. Nuestras expectativas de locus de control son parte de nuestros recursos para adaptarnos, por ello hemos de utilizarlos de forma inteligente y evitar que se conviertan en una carga. Por ejemplo, en el caso del estudiante que tiene que enfrentarse a un examen, sabe que estudiando más puede lograr mejores resultados, por lo que en este caso es útil pensar que se tiene un cierto control de la situación. Pero, ¿se tiene todo el control? Quizás sea recomendable dejar un pequeño margen por si algo se tuerce repentinamente. De no ser así, la voz interior podría jugarle una mala pasada. Supongamos que ha estudiado muchísimo, y además está convencido de que va a sacar buena nota, pero el profesor ha puesto un examen extremadamente difícil. En ese caso es útil pensar que no tenía todo el control, ya que las decisiones que toma el profesor no dependen de él.

Otro ámbito muy interesante donde se refleja la influencia de las expectativas de locus de control sobre la conducta es el ámbito del cuidado de la salud. Un LCI se asocia con una mayor tendencia a realizar acciones que les mantengan en buen estado de salud. Es útil pensar que se tiene un cierto control sobre la salud, porque eso nos llevará a adoptar hábitos más saludables. Por el contrario, pensar que no se tiene ningún control puede llevarnos a adoptar hábitos perjudiciales ya que “de algo hay que morir”. Pero, el otro extremo tampoco es beneficioso; una persona que considera que tiene todo el control sobre su salud, corre el riesgo de obsesionarse y, ante la llegada de una enfermedad, echarse la culpa a sí misma, con una voz interior que le machaque (“tendría que haberme cuidado más”).

En resumen, la clave está en jugar con el equilibrio entre locus de control interno y locus de control externo a nuestro favor, tratando de delimitar hasta dónde podemos controlar, y sin echarnos sobre los hombros el peso de aquello que no podemos controlar. Y tú, ¿a qué extremo de locus de control tiendes más?

Si necesitas ayuda profesional no lo dudes más y contáctanos. Juntos trabajaremos para mejorar tu bienestar gracias a esta terapia.

Artículo escrito por

Eduardo Salas Arques | Farmacéutico

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