La reconocida psiquiatra Marian Rojas ha explicado en numerosas ocasiones que “comprender es aliviar”. En el artículo que nos ocupa, queremos establecer un espacio para hablar de la importancia de comprender las emociones. Habitualmente los pacientes acuden a terapia porque sienten angustia o ansiedad, emociones negativas que pueden ser una enorme fuente de sufrimiento. Sin embargo, aunque puede parecer muy tentador tratar de erradicarlas lo más rápido posible, es interesante esforzarse por comprenderlas ya que, en el largo plazo, entender las emociones y permitirles desempeñar la función para la que fueron diseñadas, es una herramienta de inteligencia emocional de enorme utilidad.
Según el psicólogo Peter Lang, las emociones son “disposiciones para la acción”; es decir, son una señal que nos incita a hacer algo (o a dejar de hacer algo). Evolutivamente tienen una gran relevancia, ya que nos advierten de cuándo debemos aproximarnos o alejarnos de algo.
Imaginemos a un hombre en la Prehistoria que va caminando por el bosque y, de pronto, se topa con una serpiente. Tras visualizarla y categorizarla como “estímulo potencialmente peligroso”, se activa la emoción del miedo, y ese miedo le lleva a evitar a la serpiente, bien sea corriendo, bien pasando sigilosamente por su lado para que no le muerda. Como vemos, el miedo es una emoción necesaria para que la persona modifique su conducta, para adaptarse a las circunstancias adversas. Si no existiese el miedo, el hombre igual se pondría a acariciar a la serpiente y finalmente ésta le mordería. Lógicamente no le resulta agradable sentir miedo, pero es necesario para su supervivencia.
En términos muy generales podríamos decir que:
- Las emociones negativas, como la ansiedad o el miedo, generalmente nos disponen a alejarnos de algo o a cambiar una determinada situación que nos parece “desagradable”
- Las emociones positivas, como la alegría o el interés, generalmente nos disponen a acercarnos a algo o a mantener una determinada situación que nos parece “agradable”.
Recordamos que las emociones negativas nos avisan de que debemos cambiar algo; además es importante destacar que generalmente no desaparecen hasta que hemos tomado la acción. Es por ello que, cuando sentimos angustia o ansiedad ante una situación de incertidumbre en la que tenemos que tomar una decisión importante, no suele ser útil posponer la toma de decisiones, o tratar de “pensar en otra cosa”; ya que el problema seguirá ahí y, por ende, la emoción desagradable.
Sin embargo, en el momento en que se toma la decisión, incluso aunque ésta sea errónea, las emociones negativas tienden a diluirse. Lo mismo para las situaciones en las que se está procrastinando una tarea… Probablemente te haya pasado que tienes algo pendiente de hacer, como puede ser prepararte un examen, o contestar un mensaje importante, y el hecho de pensar que tienes que hacerlo te genera ansiedad. Sin embargo, en el momento en que te has puesto a ello, la ansiedad ha ido desapareciendo.
Por su lado, las emociones positivas nos incitan a reforzar una determinada conducta o a aproximarnos a algo que nos gusta. Cuando hacemos algo que nos gusta y que es beneficioso para nosotros, sentimos alegría. Dado que la alegría es agradable, querremos volver a experimentarla, con lo que repetiremos aquellas conductas que nos la han provocado.
Es especialmente interesante entender las emociones en el contexto de la consecución de metas y objetivos. En base a lo que hemos explicado, es intuitivo pensar que acercarnos a nuestras metas activa emociones positivas, agradables, que nos incitan a seguir por ese camino. Por el contrario, alejarnos de nuestras metas activa emociones negativas, desagradables, que nos incitan a tomar acción o a cambiar de rumbo. Vamos a ver un ejemplo para entenderlo mejor…

Miguel estudia medicina, y tiene un examen de Anatomía la semana que viene. Si cada día estudia unas cuantas horas, se organiza bien y ve que cunden los temas, seguramente sienta alegría al terminar cada día y esta alegría le incitará a continuar así al día siguiente. Esto es así porque su conducta le está acercando a la consecución de sus objetivos, como puede ser llegar a ser médico el día de mañana. Por el contrario, si Miguel comienza a procrastinar la tarea de estudiar, y piensa “ya mañana me pongo en serio”, seguramente sienta ansiedad, ya que cada día que deja pasar se arriesga un poco más a no alcanzar su meta de ser médico. La ansiedad, una emoción desagradable, le está avisando de que hay algo que tiene que cambiar en su conducta.
El clásico ejemplo del estudiante que tiene un examen es algo simple, y lógicamente hay situaciones infinitamente más complejas que pueden no explicarse de un modo tan sencillo. Sin embargo, ilustra muy bien el papel que juegan las emociones en lo relativo a la consecución de metas y objetivos, algo extrapolable a otros ámbitos de la vida, como pueden ser las relaciones interpersonales. Con este Blog esperamos haberte ayudado a comprender un poco mejor tus emociones y que puedas utilizarlas a tu favor. Aun así, compartir las experiencias emocionales con personas de confianza como familiares y amigos puede ser de enorme utilidad y, si las emociones se vuelven abrumadoras y se convierten en un factor limitante, recomendamos pedir ayuda a un profesional.
