¿Quién no conoce a alguien que afirma no sentirse realizado en la vida? O igual te ha pasado a ti, que estás ahora leyendo este artículo. Curiosamente, en muchos de esos casos, la explicación suele ser parecida: “estudié tal o cual cosa porque era lo que querían mis padres”, o “a mí me hubiese gustado dedicarme a tal o cual actividad pero todo el mundo me decía que aquello no tenía salida”.
En un mundo con tanta competitividad, donde todo cambia mucho más rápido que en ningún otro momento de la historia y donde prima la búsqueda de la seguridad y la estabilidad a toda costa, sumado a la necesidad constante por obtener la validación de los demás, es frecuente perder de vista cuáles son realmente las metas que están alineadas con nosotros mismos.
El psicólogo estadounidense Abraham Maslow expuso la teoría de la jerarquía de necesidades, que sugería que las personas están motivadas por 5 categorías básicas de necesidades que él ilustraba en una pirámide.

Según esta pirámide, lo primero y más urgente es cubrir las necesidades fisiológicas, como el hambre o la sed, seguidas de las necesidades de seguridad, tanto física como económica. Un escalón por encima se encuentran las necesidades de pertenencia, que son las necesidades de compañía, afecto y aceptación de los demás, seguidas de las necesidades de estima, que incluyen la necesidad de poder, confianza o competencia. Y ya en lo más alto, las necesidades de autorrealización, que son el motivo humano más elevado, el logro personal, el desarrollo de todas nuestras potencialidades.
Pues bien, dado que para cubrir un nivel superior en la pirámide, antes lo ideal es tener cubiertos los que hay por debajo (por ejemplo, si me estoy muriendo de hambre o de sed, me preocupa poco alcanzar un puesto de prestigio en mi trabajo; mi motivación principal será conseguir un vaso de agua y algo para comer), en muchas ocasiones no se consigue llegar a la cúspide de la pirámide porque nos quedamos estancados en algún otro nivel. Generalmente en las sociedades industrializadas es frecuente tener cubiertas las necesidades fisiológicas. Sin embargo, a partir del segundo nivel es donde aparecen los bloqueos.
Es especialmente interesante el tercer nivel, el de necesidades de pertenencia. ¡Cuántas personas no logran su autorrealización porque necesitan obtener en todo momento la aprobación de los demás! Esto nos lleva a otro psicólogo, también estadounidense, Carl Rogers, que nos hablaba de la consideración positiva incondicional, esto es, cuando aceptamos y valoramos a los demás, sin imponer condiciones.

Esto es especialmente importante con los hijos; si perciben que es necesario cumplir con una serie de requisitos para sentirse amados por sus padres, probablemente, dado que el escalón de las necesidades de pertenencia es tan importante en la vida de las personas, en un futuro tenderán a desconectarse de sus auténticas metas con tal de agradarles, y empezarán a vivir su vida en un esfuerzo constante por satisfacer a los demás. Es por ello que es fundamental que mostremos a nuestros hijos nuestra consideración positiva incondicional; que sientan que les aceptamos sin condiciones, ya que esto hará que centren su atención en sus auténticas motivaciones, aumentando la probabilidad de que en un futuro logren la tan ansiada autorrealización.
Cabe destacar que la autorrealización no restringe únicamente al ámbito laboral, ni es necesario hacer algo de relevancia internacional para alcanzarla; la autorrealización puede encontrarse en las actividades más simples que podamos imaginar, como practicar un deporte, tocar un instrumento, pintar, coser o cocinar. Esto también es importante de cara a la crianza de nuestros hijos. Imaginemos a un niño al que le gustan los dinosaurios, y está todo el rato curioseando libros sobre dinosaurios, dibujando dinosaurios y con juguetes de dinosaurios. ¡Pocas cosas harían más daño que quitarle al niño los dinosaurios y decirle que se ponga a hacer los deberes y deje esas tonterías! En su lugar, es beneficioso interesarse genuinamente por esa actividad que está realizando, pero sin recurrir a expresiones como “¡Muy bien!” cada vez que hace algo, ya que eso puede transformar la motivación intrínseca que tenía por esa actividad en una motivación extrínseca, esto es, que lo haga porque sabe que así obtiene nuestra validación.
Y a ti, ¿qué actividades te hacen alcanzar la autorrealización?
