La pornografía está comprometiendo tu supervivencia.

Más allá de los conocidos efectos perjudiciales de la pornografía en el campo de las relaciones, los daños que puede ocasionar en la vida de las personas que la consumen aparecen a muchos otros niveles, como es el campo de la voluntad, la creatividad o la motivación. Es más, me atrevería a decir que la pornografía va en contra de la propia supervivencia; en este artículo te explico por qué.

Evolutivamente, el ser humano ha sobrevivido, entre otros muchos factores, gracias al circuito de recompensa cerebral. Este circuito de recompensa, también conocido como vía mesolímbica, conecta varias zonas importantes del cerebro como el área tegmental ventral, el núcleo accumbens y la corteza prefrontal, y utiliza como principal neurotransmisor a la dopamina. Esta vía nos incita a la búsqueda de estímulos que logren activarla, apareciendo la motivación, como medio para dar con dichos estímulos. Cuando se produce la activación de esta vía se experimenta la sensación de placer (gratificación). Algunos estímulos, como el sexo o la comida, son capaces de estimular este circuito de recompensa, liberándose la dopamina a las hendiduras sinápticas que hay entre las neuronas que constituyen esta vía, y proporcionando la sensación de placer. Tras cesar el estímulo, con el paso del tiempo, las hendiduras sinápticas quedan vacías, ya que la dopamina vuelve al interior de las neuronas, apareciendo en el individuo la motivación por dar de nuevo con el estímulo que le hizo sentir ese placer la primera vez.

Pondré un ejemplo para que se entienda mejor..
Imaginemos a un hombre en el paleolítico, que tenía que cazar para poder sobrevivir. Cuando sentía hambre, no había dopamina en las hendiduras sinápticas de su vía mesolímbica, de manera que se ponía a cazar para poder comerse a su presa, lo cual le otorgaba la sensación de placer ya que se liberaba la dopamina a estas hendiduras. El circuito de recompensa hacía que nuestro hombre del paleolítico “deseara” esa comida y fuese a buscarla, para finalmente obtener la sensación de placer esperada. Algo análogo sucede con el sexo: cuando escasea la dopamina en el circuito de recompensa aparece la motivación por aparearse; tras el encuentro, se libera la dopamina y aparece la sensación de placer.

Este circuito de recompensa ha sido, pues, crucial desde el punto de vista evolutivo, ya que gracias a él, el ser humano se ha preocupado por buscar comida y por tener sexo, garantizando así funciones claves para la evolución como son la nutrición y la reproducción.

Recapitulando…
Cuando escasea la dopamina, el individuo busca el estímulo. Una vez logrado el estímulo, se libera la dopamina y aparece la sensación de placer. ¿Simple, no?

Pues bien, ahora volvamos al siglo XXI y veamos qué ha pasado. Hoy por hoy, la supervivencia, al menos en los países más desarrollados, se podría decir que está prácticamente “garantizada”. Por consiguiente, el circuito de recompensa ha perdido su utilidad más primitiva. Sin embargo, ese circuito sigue estando ahí, y a lo largo de los años el ser humano ha ido desarrollando maneras de sobreestimularlo. Esto es clave ya que si se sobreestimula el circuito, se liberan cantidades ingentes de dopamina a las hendiduras sinápticas, lo que conlleva una sensación de placer desproporcionada. Esto es lo que sucede con productos muy azucarados y ultraprocesados en general, así como con la pornografía. Sin embargo, el esfuerzo que hay que hacer para lograrlo es drásticamente menor que el esfuerzo requerido durante la caza o el cortejo; basta con abrir la nevera o meterse en el navegador desde el móvil. Y, por otro lado, la recompensa obtenida a nivel de la vía mesolímbica es considerablemente mayor.

Cuando dichas prácticas se convierten en algo rutinario, nuestro cerebro interpreta que tenemos la supervivencia garantizada; entiende que ya no necesitamos “esforzarnos” para sobrevivir. Esto es extrapolable a todo aquello que requiera una cierta motivación y esfuerzo. El cerebro está “satisfecho” con la dopamina que recibe por el consumo de pornografía o de comida basura. Es en ese punto cuando se pierde la motivación por todo aquello que no nos da ese “hit” de dopamina, menguando, a su vez, la creatividad y la capacidad para esforzarse.

En el largo plazo esto lleva a un vacío en el que el individuo busca constantemente esas “vías de escape” para sentir ese placer momentáneo. La voluntad se encuentra peligrosamente dañada; a la persona cada vez le será más difícil encontrar la motivación y poner el esfuerzo necesario para lograr aquello que se ha propuesto, alejándose de la consecución de sus objetivos, comprometiendo seriamente su propio proyecto de vida. Estas vías de escape son un verdadero lastre para la voluntad. Y no olvidemos que el hombre sin voluntad es esclavo de sus impulsos. Como dice el reconocido psiquiatra Enrique Rojas, en su libro La Conquista de la Voluntad: “quien tiene voluntad es verdaderamente libre; consigue lo que se propone. El que tiene voluntad dispone de sí mismo”.

En el largo plazo, esta sobreestimulación dopamínica mediante la pornografía o la comida basura conlleva la pérdida de placer con actividades que antaño sí que nos la proporcionaban.

Existe una explicación a nivel fisiológico que explica este fenómeno…
El cerebro no está diseñado para sufrir descargas tan masivas de dopamina como las que tienen lugar ante el consumo de pornografía (algo extrapolable a cualquier droga). Ante esta sobreactivación, el cerebro responde adaptativamente, produciendo modificaciones a nivel de los receptores de dopamina en la vía mesolímbica. Esto conlleva una menor sensación de placer ante un mismo estímulo, ya que la vía queda “insensibilizada”. Por consiguiente, el cerebro necesitará cada vez mayores estímulos para proporcionar la misma sensación de placer. Es por ello que las actividades cotidianas que tradicionalmente son fuentes de placer dejan de serlo; no son estímulos suficientemente fuertes como para activar una vía insensibilizada por estos “superestímulos”.

La buena noticia es que este proceso es reversible; la vía mesolímbica del cerebro puede recuperarse. Al principio es un proceso duro, en el que el individuo experimentará sensación de vacío, síndrome de abstinencia e incluso dolor ante el abandono de la pornografía o la comida basura. Sin embargo, poco a poco, el circuito de recompensa alcanzará un equilibrio, recuperándose la creatividad, el disfrute y la motivación por las pequeñas actividades del día a día.

Algo de enorme utilidad en estos casos es tratar de encontrar alguna actividad que sea de nuestro agrado, como practicar algún deporte con amigos, cantar, tocar un instrumento, pasar tiempo con las personas de nuestro entorno o dedicar tiempo para cocinar un plato saludable. Algunas fuentes hablan del ayuno de dopamina, algo de lo que hablaremos más detenidamente en futuros artículos de nuestro Blog. Hay quien aboga por la privación absoluta de cualquier estímulo que pueda ser fuente de placer. Sin embargo, nosotros apostamos más por el enfoque de la psiquiatra Marian Rojas, que opta por «analizar las vías de escape más perjudiciales y tratar de eliminarlas, al mismo tiempo que se recomiendan algunas medidas para estimular de forma sana la dopamina, como hacer deporte, ayunar o aprender alguna nueva habilidad motivadora«.

Finalmente, añadir que es de gran ayuda apoyarse en familiares o amigos de confianza, que te ayuden en el proceso de deshabituación. Y ante un caso reiterativo, buscar la ayuda de un profesional experto en la materia.

Si necesitas ayuda profesional no lo dudes más y contáctanos. Juntos trabajaremos para mejorar tu bienestar gracias a esta terapia.

Artículo escrito por

Eduardo Salas Arques | Farmacéutico

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